Casi sin darme cuenta cumplí 16 años.
Ahora soñaba con salir por las noches, con amigos, compañeros, daba igual, lo importante era que sentía cerca los placeres de hacer lo que se me antojara, romper las reglas que me imponían. Poco me importaban las reprimendas al llegar a casa, los límites que me imponían, lo único que me importaba en ese momento era salir a la calle cuando se encendieran las farolas de aquella hermosa Gran Vía de les Corts Catalanes y por fín conocer lo que tanto ansiaba.
No tenía ni idea de como era, nunca había salido a esas horas fuera de casa, podría decirse que en el fondo me sentía cohibida. No tenía miedo, era la sensación de enfrentarme a algo tan común pero tan desconocido a la vez, por lo menos para mí, pero tenía más que claro que iba a ser como me propuse hacía tres años: ser la chica de la que todos hablaran.
El sueño de mi vida no era salir por la noche, era experimentar y capturar la esencia de aquella Barcelona nocturna, de tener en mi mano el poder de ir a donde quisiera, era el morbo y la curiosidad las que me mueven a querer conocer aquellos placeres que la vida me brindaba y que para mí, con dieciséis años, era el éxtasis, lo sublime de la vida, era mi oportunidad de ser conocida o solo una más, alguien que pasaría desapercibida, y yo no iba a ser esa persona, no sabía cuándo ni de qué manera, pero lo iba a conseguir. Ahora, puedo decir que no sabía dónde me estaba metiendo.
Por fín, después de una eterna espera llena de suspiros, miradas de reloj y ansia, llegó la noche. Salí, y con aires de diva y contoneandome me sentía poderosa, me cegaban mis ansias de triunfar, de ser aquella diva de la que todos hablaran. Discotecas, dinero y ganas de bailar eran los "primeros pasos" para darme a conocer. Puede que pienses que parecía una especie de putita barata, pero no lo era, era mucho más que una simple mujer entregada al sexo, era una droga y una obsesión a punto de dar a luz.
Mientras bailaba y pensaba en cómo lograr mi propósito, noté una voz femenina por detrás:
- Hola, mona. ¿Tienes fuego?
- No, no fumo... -contesté, un poco cortada-.
- Me lo imaginaba... - musitó de forma burlona -.
Ahora soñaba con salir por las noches, con amigos, compañeros, daba igual, lo importante era que sentía cerca los placeres de hacer lo que se me antojara, romper las reglas que me imponían. Poco me importaban las reprimendas al llegar a casa, los límites que me imponían, lo único que me importaba en ese momento era salir a la calle cuando se encendieran las farolas de aquella hermosa Gran Vía de les Corts Catalanes y por fín conocer lo que tanto ansiaba.
No tenía ni idea de como era, nunca había salido a esas horas fuera de casa, podría decirse que en el fondo me sentía cohibida. No tenía miedo, era la sensación de enfrentarme a algo tan común pero tan desconocido a la vez, por lo menos para mí, pero tenía más que claro que iba a ser como me propuse hacía tres años: ser la chica de la que todos hablaran.
El sueño de mi vida no era salir por la noche, era experimentar y capturar la esencia de aquella Barcelona nocturna, de tener en mi mano el poder de ir a donde quisiera, era el morbo y la curiosidad las que me mueven a querer conocer aquellos placeres que la vida me brindaba y que para mí, con dieciséis años, era el éxtasis, lo sublime de la vida, era mi oportunidad de ser conocida o solo una más, alguien que pasaría desapercibida, y yo no iba a ser esa persona, no sabía cuándo ni de qué manera, pero lo iba a conseguir. Ahora, puedo decir que no sabía dónde me estaba metiendo.
Por fín, después de una eterna espera llena de suspiros, miradas de reloj y ansia, llegó la noche. Salí, y con aires de diva y contoneandome me sentía poderosa, me cegaban mis ansias de triunfar, de ser aquella diva de la que todos hablaran. Discotecas, dinero y ganas de bailar eran los "primeros pasos" para darme a conocer. Puede que pienses que parecía una especie de putita barata, pero no lo era, era mucho más que una simple mujer entregada al sexo, era una droga y una obsesión a punto de dar a luz.
Mientras bailaba y pensaba en cómo lograr mi propósito, noté una voz femenina por detrás:
- Hola, mona. ¿Tienes fuego?
- No, no fumo... -contesté, un poco cortada-.
- Me lo imaginaba... - musitó de forma burlona -.
- ¿El qué? - le dije, molesta por el gesto que dibujó en su cara -.
- No te lo tomes a mal,pero me gustaría avisarte de que tus aires de diva y tus ganas de arrasar no te van a ayudar mucho para adentrarte en este pequeño mundo que no tiene definición ni nombre. Puede que calientes a los chicos con tus movimientos de zorra, pero con eso solo conseguirás ser una chica a la que conocen por ser amiga, novia, o putita de alguien. Si sigues así, nunca tendrás un nombre aquí.
- No me conoces.
- Dime cómo te comportas y te diré quién eres. Está claro que eres una chica que está aparentando ser lo que no es. No necesitas bailar hasta que se te salgan las caderas ni beber hasta que no te quepa más alcohol en la sangre. Se tu misma, con las mismas ganas de llevártelo todo por delante que se te ven a flor de piel, cúrratelo, y serás lo que quieres ser.
- Y, ¿por qué me dices esto? -le pregunté totalmente descolocada-.
- Porque, aunque no lo creas, mejor o peor, todos acabamos jodidos, y no vas a ser una excepción.
- No me conoces.
- Dime cómo te comportas y te diré quién eres. Está claro que eres una chica que está aparentando ser lo que no es. No necesitas bailar hasta que se te salgan las caderas ni beber hasta que no te quepa más alcohol en la sangre. Se tu misma, con las mismas ganas de llevártelo todo por delante que se te ven a flor de piel, cúrratelo, y serás lo que quieres ser.
- Y, ¿por qué me dices esto? -le pregunté totalmente descolocada-.
- Porque, aunque no lo creas, mejor o peor, todos acabamos jodidos, y no vas a ser una excepción.
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